Semblanza de Deschapelles. El ajedrecista francés que dominó el panorama en tiempos de Napoleón

Por Sergio Negri

El francés Alexandre-Louis-Honoré-Lebreton Deschapelles fue reconocido como el mejor ajedrecista en tiempos de Napoleón Bonaparte (1769-1821), al dominar el panorama en el afamado Café de la Régence, tras la muerte del gran Philidor (1726-1795), por un lapso de quince años, hasta cuando cae derrotado por su dilecto alumno Louis-Charles Mahé de La Bourdonnais (1795-1840). Sigue leyendo

Análisis astrológico de Deschapelles

Por Silvia Méndez

Estamos frente a un análisis con poquísimas fechas certeras que permitan asociar los eventos,  y por consiguiente  deducir el horario de nacimiento de este grandioso ajedrecista, con la rigurosidad necesaria.

No obstante ello, comenzaré desde lo general a lo particular: Deschapelles pertenecía a una familia de militares y él mismo siguió esa carrera. Eso es muy propio y afín al signo de Aries o Escorpio (ambos regidos por Marte). Vemos que en su carta tenemos a la Luna ubicada en Aries, así como a Marte y a Venus en ese  mismo signo, con lo cual ellos podrían estar elevados en su carta natal.

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Micro biografía de Isaías Pleci

Por Juan S. Morgado

Nació el 27 de octubre de 1907 y falleció el 27 de diciembre de 1979. Fue campeón argentino dos veces (1930 y 1931). Sus primeras apariciones fueron en 1925, cuando el Círculo de Vélez Sarsfield venció al Club Sportivo Barracas finalizó por 5½:½. El equipo ganador formó con Julio Molina, ingeniero P. Velázquez, Eduardo Magee, A. Villella, J. M. Ledesma e Isaías Pleci. La institución de Barracas formó con Luis Puharré, E. Pochetino, Julio Lyonnet, L. Belleville, J. Lueta y F. M. Cancín. [El Diario, 7 de enero de 1925]

Así comienza la nota de Juan S. Morgado sobre Isaías Pleci, el doble campeón argentino y medallista olímpico (fue oro en el Torneo de las Naciones de Buenos Aires de 1939) a quien el investigador, que en ALS nos deleita una y otra vez con sus trabajos, le dedica la semblanza a la que se puede acceder desde el siguiente enlace:

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A 50 años del match Fischer vs. Petrosián, Buenos Aires, 1971

Por Horacio Olivera

Obedeciendo al atávico impulso de recordar con particular énfasis los aniversarios de números redondos, no se puede menos que hacer mención del quincuagésimo cumpleaños de un acontecimiento que tuvo en vilo a los ajedrecistas de todo el mundo y a los argentinos en particular, fueran jugadores de ajedrez o no.

El match Fischer versus Petrosián, jugado en el Teatro General San Martín, de Buenos Aires, en 1971 y concluido hace hoy exactamente cincuenta años, tuvo todos los condimentos para hacer de él un hecho tan memorable como el que, efectivamente, al fin resultó.

Se trataba, nada menos, que de la primera  final de un ciclo del Torneo Candidatura, en formato de matches individuales y auspiciado por la FIDE, en la que jugaría un ajedrecista no soviético. Y por si esto fuera poco, ese no soviético era un estadounidense, excéntrico y genial que,  en su arremetida final hacia el título de Campeón del Mundo, durante los dos últimos años venía aniquilando ajedrecísticamente a todo aquel que se le pusiera adelante. Y que, solo pocos meses atrás, había logrado victorias inéditas, por lo apabullantes, en los dos encuentros previos del mismo Candidatura, ante rivales de una enorme fuerza práctica como lo eran los Grandes Maestros de élite Taimánov y Larsen. Visibilizado, además, por una maquinaria mediática que vio en él a una figura no solamente rentable sino políticamente vendedora, Robert “Bobby” Fischer”, de veintiocho años, llegó como favorito a disputar las doce partidas que consagrarían al nuevo desafiante al título mundial, a la sazón en poder del ruso Boris Spaski.

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Triunfo de Fischer en el torneo candidatura de ajedrez (ante Petrosián). “El partido que jugaron todos”

Por Jaime Emma

Agradecemos a Juan S. Morgado por habernos hecho llegar este material, publicado oportunamente en la revista Siete Días Ilustrado, por el cual el excampeón argentino y reconocido periodista Jaime Emma, brindó su crónica respecto del match que disputaron en Buenos Aires el norteamericano Robert Bobby Fischer y el soviético (armenio) Tigrán Petrosián, en el marco del match por la semifinal del campeonato mundial disputado en Buenos Aires entre el 30 de septiembre y el 26 de octubre de 1971.

El entusiasmo con que lo aficionados siguieron un enfrentamiento ajedrecístico de alto vuelo -el de dos grandes maestros internacionales: Robert Fischer y Tigran Petrosian- marca un hito inédito para el ajedrez argentino. Entretelones de la disputa, revista siete días ilustrados,
noviembre 1971

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Fischer vence a Petrosián en el match disputado en Buenos Aires en 1971

Gracias a la proverbial generosidad de Juan S. Morgado, podemos compartir con los lectores de AJEDREZ LATITUD SUR el ejemplar de la recordada revista Ajedrez (su Asesor Técnico era el recordado Norberto Ivaldi), de la emblemática EDITORIAL SOPENA (lamentablemente desaparecida), correspondiente al mes de diciembre de 1971 (Tomo XVIII, Número 212).

Allí se hace una minuciosa crónica del match por la semifinal correspondiente al campeonato mundial, el que se disputó a fines de 1971 en el Teatro General San Martín de la ciudad de Buenos Aires.

La nota en cuestión, que incluye las nueve partidas del encuentro con sus respectivos análisis, se le debe a Joaquín Ojeda, y se la puede hallar entre las páginas 470 y 485 del ejemplar en cuestión.

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Aniversario de la Olimpíada de Ajedrez de Buenos Aires de 1978

Entrevista de Carlos Ilardo a Juan Carlos Hase

Nota de presentación de Sergio Negri:

La capital argentina en dos ocasiones supo ser sede de la máxima competencia ajedrecística mundial a nivel de equipos. Por un lado, en 1939 Buenos Aires fue anfitriona de un Torneo de las Naciones que resultó emblemático por múltiples razones: fue la primera Olimpíada realizada allende Europa; tuvo récord de participantes; se dio el debut de numerosos conjuntos del continente americano; estuvieron presentes, entre tantas otras figuras, Capablanca y Alekhine; se decidió en la Asamblea de la entidad mundial, que la sede de la FIDE se trasladara a Buenos Aires y se designó al argentino Augusto de Muro como su titular. Y su legado, dentro de la tragedia global, fue magnífico para el país, ya que numerosos jugadores, entre ellos el gran Miguel Najdorf, acuciados por la Segunda Guerra Mundial que se había desatado en Europa, reconducirán sus existencias en el sur, dando vibrante presencia al ajedrez vernáculo, ese que habrá de convertirse en potencia mundial en los próximos años.

La Olimpiada de 1978 se dio, en cambio, inevitable y trágicamente, en un contexto bien diverso. Ahora, la sangre no corría en otras latitudes, sino que lo hacía en el país, en donde una dictadura militar había socavado los cimientos, una vez más, de la institucionalidad, y dejaría una secuela de muertes y de terror, en particular por la política de desaparición de personas que sería una marca distintiva del fenómeno de esos años de oscuridad en la Argentina.

En ese marco, el ajedrez, casi como aislándose de lo que sucedía afuera, concentrando la mirada en los tableros de su mundo escaqueado, pese a esa situación tan hostil, supo ofrecer un encuentro olímpico nuevamente en casa, en el que, al cabo de todo, se dio una gran situación: por vez primera, el poderosísimo elenco de la URSS no ganaría (dos años antes tampoco lo había sido, pero en ese caso en ausencia por razones políticas, en el marco de la prueba de Haifa, Israel), cediendo el liderazgo a las manos del potente conjunto de Hungría.

A nivel local, época de escisiones profundas. Las grandes figuras del ajedrez argentino estuvieron fuera de los elencos presentados (fueron dos), resintiendo las posibilidades competitivas, como espejo de una clásica lucha entre una porción de jugadores, los más renombrados, con las autoridades federativas. En esas condiciones, por primera vez, la Argentina quedaba, en pruebas olímpicas, relegada al tercer escalón continental.

Del equipo principal presentado, el Maestro Internacional Juan Carlos Hase fue una de sus principales figuras. En el vídeo presentado hoy 25 de octubre de 2021 (aniversario del comienzo de aquella competencia), en AJEDREZ LATITUD SUR, se brinda su testimonio recogido por el periodista especializado Carlos Ilardo, a quien agradecemos por haber permitido compartir este valiosísimo material, producido para FRENTE AL TABLERO, su prestigioso ciclo radial.

También del encuentro participaron Virginia Justo, la ajedrecista argentina que fue parte del elenco olímpico en esa oportunidad, y el reconocido periodista deportivo Mario Daniel Serafini, quien fue testigo de aquella experiencia, respecto de la cual ambos la evocan con precisión y no sin nostalgia.

En el transcurso de las próximas jornadas, habremos de exponer otros abordajes y perspectivas de una competencia que fue muy importante para el ajedrez argentino y mundial.

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Geoffrey Chaucer imagina una partida de ajedrez fatal disputada contra el Destino

Por Sergio Negri

El ajedrez nació, se difundió, evolucionó y creció en la Edad Media, adquiriendo en ese camino una gran reputación social, cultural e intelectual, en el marco de ese largo periodo de la Humanidad que, al menos desde la perspectiva del juego, le fuera tan fructífero.

De esos tiempos proviene Geoffrey Chaucer, uno de los mayores literatos europeos, quien nació entre los años 1340 y 1343, probablemente en Londres, en el contexto de una familia en la cual su padre era un próspero comerciante. El autor inglés murió en 1400, habiendo sus restos sido ubicados en la Abadía de Westminster.

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Escaques de luz y oscuridad

Bobby Fischer: genialidad y perdición

Por Marlon Aquino Ramírez

Como la vida de todos los seres humanos, la del excampeón mundial de ajedrez Robert «Bobby» Fischer (1943-2008), transcurrió entre las casillas blancas del éxito y las casillas negras del fracaso. Solo que, en su caso, por haber poseído una mente genial, la magnitud de sus ascensos y caídas fue más intensa que la del hombre o mujer promedio. Por ello, luego de repasar y meditar acerca de su atormentada existencia, me he preguntado qué le respondería a algún poder superior si me ofreciese la oportunidad de descollar en la actividad de mi preferencia; la respuesta no es tan sencilla.

Nota publicada el 14 de enero de 2021 en el sitio Wall Street International (https://wsimag.com/es).

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El escritor Hugo Wast y el ajedrez

Por Sergio Negri

Hugo Wast (1883-1962), seudónimo de Gustavo Adolfo Martínez Zuviría fue un reconocido escritor, en particular se lo recuerda por sus novelas (alguna de las cuales fueron llevadas al cine y, en una obra suya adaptada para la pantalla habría de debutar Carlos Gardel), quien resultó del todo controvertido por las posturas políticas que abrazaría y su prédica.

Fue Director de la Biblioteca Nacional (por más de un cuarto de siglo) y Ministro de Justicia e Instrucción Pública de la Nación, e integró la Real Academia Española. En política tuvo varios cargos y aspiraciones; en ese sentido, pese a haber sido originariamente fundador del Partido Demócrata Progresista (compartió fórmula en la provincia de Santa Fe con el recordado Lisandro de la Torre), su pensamiento se tornó sinuoso y oscuro, terminando por ser muy cuestionado por sus posiciones del todo contrarias a la cultura judía.

Su nacionalismo y adscripción a posturas del todo clericales, adquirieron extremismos en su formulación e ideario que lo hacían formular posturas conspirativas en donde se veía en el otro a un enemigo. Más allá de esta caracterización, y de sus consiguientes claroscuros, no hay que dejar de consignar que, en su obra, como sucedió en el de tantos otros literatos, también supo acudir al ajedrez.

En efecto, en El Kahal-Oro, sendas novelas relacionadas que fueron publicadas en conjunto en 1935, que tiene como frase de advocación una correspondiente a ese libelo llamado Protocolos de Sión, tan invocado por quienes desde comienzos de ese siglo enarbolaron posturas antisemitas, presenta un diálogo de padre e hija, en torno al descubrimiento que habría hecho un alquimista conocido, quien logró hallar la forma de transmutar plomo en oro.

Dado que, con esa inesperada abundancia del dorado metal, se temía que iba a bajar de precio, alterándose por ende la economía en sus profundos cimientos, en ese contexto el progenitor evalúa que:

“Los negocios del mundo se trastornarían. Imagínate el mundo como un inmenso tablero de ajedrez. De pronto, Dios o el diablo, revuelven las piezas. ¡A comenzar de nuevo, con otras ideas y otros recursos!…”.

¡No fuera cosa que se derrumbaran sus propios negocios personales y los del Gran Kahal, aquella agrupación judía imaginaria, a la que se reporta que quiere dominar el mundo, en la enfermiza y peligrosa mirada del autor!

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