El fuego sagrado del ajedrez

Por Sergio Negri

Todos los mundos el mundo es el último trabajo de Diego Rasskin Gutman, atractivo título que remite al Julio Cortázar de Todos los fuegos el fuego. Y está bien que sea así. Bien pueden confluir juegos: el ajedrez de uno, la rayuela de la novela del otro. En cualquier caso, experiencias de una vida que puede ser interpretada desde su profundo sentido lúdico.

Hay un origen y una evolución. En la rayuela, de recorrido por momentos oblicuo, mas siempre hacia adelante, conduciéndonos a un cielo que se nos promete beatífico. En el ajedrez, la propuesta de Rasskin es ir todo lo que se pueda hacia atrás, para proyectarse y entenderse.

La nota fue publicada originalmente en el sitio Jot Down, en https://www.jotdown.es/2021/10/el-fuego-sagrado-del-ajedrez/.

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Diego Rasskin: «La complejidad del pueblo judío es parecida a la complejidad del ajedrez.  Dicen que allí donde hay dos judíos ya hay tres opiniones. Es la única religión que te permite ser ateo»

Por Juan José Gómez Cadenas

Entrevista aparecida el 29 de septiembre de 2021 en la revista española Mercurio – Cultura Desorbitada, en https://www.revistamercurio.es/2021/09/29/diego-rasskin/

¿Siempre que se vuelve al sur se vuelve al amor?

En el sur hubo un niño que se crió con una familia muy cercana de tíos, primos y abuelos. La Argentina convulsa de los años 70. El exilio a España en 1976 destruyó ese mundo, que nunca pudo recomponerse. A esos amores ya no se puede volver, pero sí se puede soñar con ellos y volverlos a la vida en la memoria inventada de la nostalgia, la —a veces— reaccionaria nostalgia. Hubo un amor que ahora es imposible, el de mis abuelos, que fallecieron en los primeros años de nuestro exilio en España. Cada brizna de hierba, cada trozo de lecaj (torta de miel), cada compota de manzana, lleva el susurro de sus gestos, de sus ademanes ídishes, de su dulzura y de su presencia. Somos hijos del exilio permanente, pertenecemos a un pueblo que ha tenido que huir una y otra vez y esa patria exiliada es un destino. Un destino de amores nuevos y de nuevos paisajes que ahora he construido con mi mujer y mis hijos; un destino donde están todos los mundos, el mundo.

¿Mató un gallo a Caraballo?

Los primeros años de nuestra vida en España —estoy hablando de finales de los 70 y principios de los 80, en Madrid—, estuvo muy ligada a la de los cantantes Olga Manzano y Manuel Picón, autores de «Caraballo mató un gallo». Ellos pasaron a ser nuestra nueva familia.

Para seguir leyendo la nota, por favor recurrir al sitio original indicado en el epígrafe.



Todos los Mundos, el Mundo

Diego Rasskin
WEST INDIES PUBLISHING COMPANY
(Tallin, 2021)
66 páginas
13,00 €

Orígenes del ajedrez III. Bestias, caballeros inexistentes y Scachs d´amor

Por Diego Rasskin Gutman

Tristán solo quiere estar con la bella Isolda; que se detenga el tiempo, que puedan permanecer juntos, aislados del mundo, jugando al ajedrez. Lancelot se debate entre su amor irrefrenable por Ginebra y la obediencia debida a su rey Arturo; solo quiere una cosa: que al atardecer Ginebra mueva las piezas sobre el tablero y las horas se alarguen hasta la eternidad. Fernando está perdidamente enamorado de Miranda: no habrá tempestad que los separe, pasarán los días soñando juntos mientras queden casillas por explorar en el universo. Dejemos que sea el propio Shakespeare el que lo exprese:

Miranda: Mi señor, me haces trampa.

Fernando: No, mi amor, no lo haría ni por todo el mundo.

Miranda Sí, y lo harías por ganar veinte reinos,

mas yo lo llamaría juego limpio.

El ajedrez, en esas épocas oscuras donde solo aquellos que vivían intramuros sobrevivían a la miseria, era una manifestación más del orden del Universo. Obras, escritos y poemas que han sobrevivido hasta hoy muestran al ajedrez como una metáfora: ni las piezas, atenazadas por las reglas y por las casillas del tablero pueden escapar de los designios del jugador, ni la humanidad puede escapar de los designios divinos. El origen chino de adivinación y chance resuena con especial fuerza: ¡la religión sublima a la astrología!

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Orígenes del ajedrez II. Cosmogonías, guerras y naranjas gigantes

Por Diego Rasskin Gutman

La cuestión de los orígenes siempre es interesante. Hay algo en la historia, en el comienzo de las cosas, que nos atrapa y nos hace querer saber más. Siempre creemos que al saber de dónde vienen las cosas, sabremos algo misterioso acerca de su naturaleza, de su realidad, que no podíamos conocer de otro modo simplemente mirando a su evolución pasada, a su desarrollo presente o a su posible devenir futuro. Tarde o temprano, en la vida de cada uno, hay un interés personal por saber más acerca de nuestros orígenes: el pueblo de los abuelos, cómo se enamoraron nuestros padres, bajo qué árbol cerca de qué puente se pusieron a salvo del resto del mundo.

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Comencemos el viaje a los orígenes. Miles de años atrás, un paisaje difuso de fronteras lejanas y exóticas en alguna región perdida entre la India y la China actuales. Viejos sabios de bigotes infinitos o jóvenes iniciados, de piel quemada por el sol. En un campo de árboles frutales, lo improbable: una naranja gigante. Y en el interior de esa naranja gigante, lo más improbable aún: dos viejos sabios pasan la eternidad jugando al ajedrez. Una antigua leyenda china. Es en la cosmogonía china donde podemos encontrar pistas acerca de los orígenes; si en la cosmogonía hindú tenemos una tortuga y cuatro elefantes que sostienen nuestro planeta, en la china nos encontramos con la dialéctica del todo y la nada y las infinitas combinaciones del código binario representadas en los hexagramas del I Ching.

En el artículo anterior pusimos las bases para una indagación acerca de los orígenes del ajedrez. Nos interesamos por el viaje del conocimiento, no por el hecho en sí del origen del juego. Entonces, establecíamos una línea genealógica entre el oráculo y el juego, entre lo sagrado y lo lúdico, entre el animal que juega y el animal que conoce. Las metáforas cambian: antes de establecerse como una metáfora de la sociedad, de la mano de la estricta moralidad cristiana, como le ocurrirá al ajedrez de la Edad Media europea, iban más allá, eran la gran abstracción, el universo entero.

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Orígenes del ajedrez I. Jugar es comprender

Por Diego Rasskin Gutman

Rick levanta la mirada del tablero de ajedrez. Cuando quiere evadirse del mundo sin hacerlo se sienta en su mesa, convenientemente reservada, desde donde puede observar el tráfico de gentes que merodean las salas humeantes de su garito. El calor es sofocante, los sueños de libertad son tan ciertos, tan espesos, que pueden leerse en la frente de cada hombre y de cada mujer, en la ciudad perdida a orillas del Atlántico africano. No así Rick. Sus sueños son otros. Ha peleado en la Guerra Civil española, ha estado en París, esperó bajo la lluvia hasta la desesperación a un amor que no supo, ni pudo, llegar a tiempo. Ahora todo es desaliento.

Rick juega solo, elabora las jugadas y pondera la bondad de las ideas. Son 64 casillas y 32 piezas. Las reglas son claras, no pueden romperse, no deben romperse. Rápidamente la escena se convierte en un drama que aparece en forma de muerte, un peón menos. Rick observa un mundo en miniatura sobre el que ensaya las estrategias y tácticas que pondrá en juego más tarde, en el clímax de la historia, cuando el avión se lleve lejos, muy lejos, los fantasmas de su pasado. Claro. Es Casablanca, paradigma del romance y el desencuentro, de la lucha civil y la resistencia ante la barbarie nacionalsocialista, de la integridad y la caballerosidad frente a las palabras vacías.

El ajedrez nos hace un retrato inmediato de Rick. Quién mejor para expresarlo que Emanuel Lasker, uno de los más grandes ajedrecistas de todos los tiempos, campeón del mundo desde 1894, año en que arrebataría el título a Wilhem Steinitz, padre de la teoría moderna del ajedrez, hasta 1921, cuando lo perdería contra otro prodigio ajedrecista, el cubano José Raúl Capablanca. Lasker sentencia: “En el ajedrez, las mentiras y la hipocresía no sobreviven mucho tiempo”.

Leer el resto de la nota en el sitio Jot Down, en https://www.jotdown.es/2013/03/diego-rasskin-origenes-del-ajedrez-i-jugar-es-comprender/.

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Ajedrez = 10 elevado a 120 partes de la complejidad del mundo

Por Diego Rasskin Gutman

Conocer el mundo, razonarlo, descubrir la esencia de la realidad, es hacer modelos. Claro que hay modelos y modelos. A veces es cuestión de medidas, un metro ochenta, cabellos ondulados que caen con la despreocupación que solo proporciona la belleza, paso elegante y mirada intrigante. Hay más. Hay modelos de coches, modelos aeronáuticos y cárceles modelo. Está el mapa de Jorge Luis Borges, 1:1, donde la realidad se copia a sí misma. Hay un modelo de alumno/a ejemplar en cada escuela y hay modelos que posan para que el artista nos acerque a un mundo, su mundo, que es tan real cuando lo contemplamos en el lienzo como cualquiera de los otros mundos. El artista, su modelo, su realidad. En el quehacer científico, en aquello que da forma al pensamiento, están los modelos que están hechos de otras materias, a veces tan sutiles como los números complejos, a veces de bits que descansan dentro de la unidad de procesamiento central de un ordenador. Otras veces, son reflejos proteicos, neurotransmisores que saltan entre neuronas y que terminan por configurar la memoria personal de la realidad, nuestra realidad, la de la ciencia, la del arte, la de la poesía o la de la fe en mundos posibles que no vemos, que no conocemos, que no podemos tocar ni oler ni sentir de ningún modo físico: modelos de la existencia.

Ramón y Cajal y Federico Oloriz

Decía el viejo Emanuel Kant, padre de la ciencia y pensamientos modernos (y heredero directo de los abuelos, Platón y Aristóteles) que el cerebro trabaja con aquello que percibe del mundo desde el conocimiento innato. En la ciencia trabajamos con modelos formales, modelos numéricos o modelos matemáticos, son todos ellos herramientas del conocimiento que nos acercan a conocer. Cuando queremos transmitir ese conocimiento, recurrimos a la comparación, a la analogía y, en no pocas ocasiones, a las metáforas: trucos que nos acercan a la realidad de otro modo, de un modo sorprendente, de un modo a veces extraño, a veces familiar. Entonces hablamos del Planeta Azul, del árbol circulatorio, del motor sanguíneo, de las mariposas del alma, de los agujeros negros o del viento solar. Hay, ciertamente, algo innato en nuestra percepción de la realidad que nos hace soñar con metáforas, algo que viene del tiempo, que ha crecido a lo largo del tiempo evolutivo, algo que nos hace pensar que somos singulares como especie y que, sin embargo, nos conecta directamente con el resto de los seres vivos.

Seguir leyendo la nota en https://www.jotdown.es/2013/03/diego-rasskin-gutman-ajedrez-10120-partes-de-la-complejidad-del-mundo/, sitio de Jot Down (Cultural Magazine) 



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De lo espiritual en el ajedrez

Por Diego Rasskin Gutman





Cuanto más conozco a los hombres más quiero a mi perro. Esta frase tan escépticamente clara hace poca justicia a los canes. Suena y resuena en los confines del hastío cuando uno levanta la cabeza y solo ve muerte, miseria, podredumbre, gente hueca y miserable en un mundo que todavía se asemeja a aquélla metáfora del medioevo, con los reyes como mensajeros de Dios y los peones como carne humana sin más destino que la salvaguarda de la corte. Escribo esto y los trogloditas vuelven a salir de la cueva, esta vez en Manchester y en Londres, y se han puesto a deglutir niños vivos, enteros, para estimular su escasa imaginación australopithecina.

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Patafísica de Alpha Zero: 0 1 1 2 3 5 8 13 21…

Por Diego Rasskin Gutman

Alpha Zero. El alfa del aleph trascendente, la cabeza de buey mesopotámico, el punto donde estaban todos los puntos del inmortal cuento de Jorge Luis Borges junto con el cero hindú que ayuda a enfrentarse a la nada; el cero trasladado por la cultura árabe para llegar a Europa de manos de, ni más ni menos, el matemático Fibonacci. Un Yin, un Yang, un cero, un uno, un uno, un dos, un tres, un cinco, un ocho, un trece y así hasta el infinito; dos opuestos, dos especies de bellos animales, juntos, biunívocamente juntos, gritando como tigres y osos salvajes en la tundra, jugando al ajedrez.

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