Semblanza de Deschapelles. El ajedrecista francés que dominó el panorama en tiempos de Napoleón

Por Sergio Negri

El francés Alexandre-Louis-Honoré-Lebreton Deschapelles fue reconocido como el mejor ajedrecista en tiempos de Napoleón Bonaparte (1769-1821), al dominar el panorama en el afamado Café de la Régence, tras la muerte del gran Philidor (1726-1795), por un lapso de quince años, hasta cuando cae derrotado por su dilecto alumno Louis-Charles Mahé de La Bourdonnais (1795-1840). Sigue leyendo

Aniversario de la Olimpíada de Ajedrez de Buenos Aires de 1978

Entrevista de Carlos Ilardo a Juan Carlos Hase

Nota de presentación de Sergio Negri:

La capital argentina en dos ocasiones supo ser sede de la máxima competencia ajedrecística mundial a nivel de equipos. Por un lado, en 1939 Buenos Aires fue anfitriona de un Torneo de las Naciones que resultó emblemático por múltiples razones: fue la primera Olimpíada realizada allende Europa; tuvo récord de participantes; se dio el debut de numerosos conjuntos del continente americano; estuvieron presentes, entre tantas otras figuras, Capablanca y Alekhine; se decidió en la Asamblea de la entidad mundial, que la sede de la FIDE se trasladara a Buenos Aires y se designó al argentino Augusto de Muro como su titular. Y su legado, dentro de la tragedia global, fue magnífico para el país, ya que numerosos jugadores, entre ellos el gran Miguel Najdorf, acuciados por la Segunda Guerra Mundial que se había desatado en Europa, reconducirán sus existencias en el sur, dando vibrante presencia al ajedrez vernáculo, ese que habrá de convertirse en potencia mundial en los próximos años.

La Olimpiada de 1978 se dio, en cambio, inevitable y trágicamente, en un contexto bien diverso. Ahora, la sangre no corría en otras latitudes, sino que lo hacía en el país, en donde una dictadura militar había socavado los cimientos, una vez más, de la institucionalidad, y dejaría una secuela de muertes y de terror, en particular por la política de desaparición de personas que sería una marca distintiva del fenómeno de esos años de oscuridad en la Argentina.

En ese marco, el ajedrez, casi como aislándose de lo que sucedía afuera, concentrando la mirada en los tableros de su mundo escaqueado, pese a esa situación tan hostil, supo ofrecer un encuentro olímpico nuevamente en casa, en el que, al cabo de todo, se dio una gran situación: por vez primera, el poderosísimo elenco de la URSS no ganaría (dos años antes tampoco lo había sido, pero en ese caso en ausencia por razones políticas, en el marco de la prueba de Haifa, Israel), cediendo el liderazgo a las manos del potente conjunto de Hungría.

A nivel local, época de escisiones profundas. Las grandes figuras del ajedrez argentino estuvieron fuera de los elencos presentados (fueron dos), resintiendo las posibilidades competitivas, como espejo de una clásica lucha entre una porción de jugadores, los más renombrados, con las autoridades federativas. En esas condiciones, por primera vez, la Argentina quedaba, en pruebas olímpicas, relegada al tercer escalón continental.

Del equipo principal presentado, el Maestro Internacional Juan Carlos Hase fue una de sus principales figuras. En el vídeo presentado hoy 25 de octubre de 2021 (aniversario del comienzo de aquella competencia), en AJEDREZ LATITUD SUR, se brinda su testimonio recogido por el periodista especializado Carlos Ilardo, a quien agradecemos por haber permitido compartir este valiosísimo material, producido para FRENTE AL TABLERO, su prestigioso ciclo radial.

También del encuentro participaron Virginia Justo, la ajedrecista argentina que fue parte del elenco olímpico en esa oportunidad, y el reconocido periodista deportivo Mario Daniel Serafini, quien fue testigo de aquella experiencia, respecto de la cual ambos la evocan con precisión y no sin nostalgia.

En el transcurso de las próximas jornadas, habremos de exponer otros abordajes y perspectivas de una competencia que fue muy importante para el ajedrez argentino y mundial.

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Geoffrey Chaucer imagina una partida de ajedrez fatal disputada contra el Destino

Por Sergio Negri

El ajedrez nació, se difundió, evolucionó y creció en la Edad Media, adquiriendo en ese camino una gran reputación social, cultural e intelectual, en el marco de ese largo periodo de la Humanidad que, al menos desde la perspectiva del juego, le fuera tan fructífero.

De esos tiempos proviene Geoffrey Chaucer, uno de los mayores literatos europeos, quien nació entre los años 1340 y 1343, probablemente en Londres, en el contexto de una familia en la cual su padre era un próspero comerciante. El autor inglés murió en 1400, habiendo sus restos sido ubicados en la Abadía de Westminster.

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El escritor Hugo Wast y el ajedrez

Por Sergio Negri

Hugo Wast (1883-1962), seudónimo de Gustavo Adolfo Martínez Zuviría fue un reconocido escritor, en particular se lo recuerda por sus novelas (alguna de las cuales fueron llevadas al cine y, en una obra suya adaptada para la pantalla habría de debutar Carlos Gardel), quien resultó del todo controvertido por las posturas políticas que abrazaría y su prédica.

Fue Director de la Biblioteca Nacional (por más de un cuarto de siglo) y Ministro de Justicia e Instrucción Pública de la Nación, e integró la Real Academia Española. En política tuvo varios cargos y aspiraciones; en ese sentido, pese a haber sido originariamente fundador del Partido Demócrata Progresista (compartió fórmula en la provincia de Santa Fe con el recordado Lisandro de la Torre), su pensamiento se tornó sinuoso y oscuro, terminando por ser muy cuestionado por sus posiciones del todo contrarias a la cultura judía.

Su nacionalismo y adscripción a posturas del todo clericales, adquirieron extremismos en su formulación e ideario que lo hacían formular posturas conspirativas en donde se veía en el otro a un enemigo. Más allá de esta caracterización, y de sus consiguientes claroscuros, no hay que dejar de consignar que, en su obra, como sucedió en el de tantos otros literatos, también supo acudir al ajedrez.

En efecto, en El Kahal-Oro, sendas novelas relacionadas que fueron publicadas en conjunto en 1935, que tiene como frase de advocación una correspondiente a ese libelo llamado Protocolos de Sión, tan invocado por quienes desde comienzos de ese siglo enarbolaron posturas antisemitas, presenta un diálogo de padre e hija, en torno al descubrimiento que habría hecho un alquimista conocido, quien logró hallar la forma de transmutar plomo en oro.

Dado que, con esa inesperada abundancia del dorado metal, se temía que iba a bajar de precio, alterándose por ende la economía en sus profundos cimientos, en ese contexto el progenitor evalúa que:

“Los negocios del mundo se trastornarían. Imagínate el mundo como un inmenso tablero de ajedrez. De pronto, Dios o el diablo, revuelven las piezas. ¡A comenzar de nuevo, con otras ideas y otros recursos!…”.

¡No fuera cosa que se derrumbaran sus propios negocios personales y los del Gran Kahal, aquella agrupación judía imaginaria, a la que se reporta que quiere dominar el mundo, en la enfermiza y peligrosa mirada del autor!

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El músico argentino Charly García en su canción Cinema Verité invocó al ajedrez

Por Sergio Negri

Charly García (Carlos Alberto García reza su documento), es uno de los máximos exponentes del rock argentino. Es un gran compositor, de letras por siempre recordables y reconocibles, y tal vez aún más talentoso en tanto músico.

Su discografía es proverbial. Dentro de ella, habrá un tema, muy icónico, de su etapa en el conjunto Serú Girán, en el que menciona, aunque algo incidentalmente, al ajedrez. Se trata de Cinema Verité, incluido en el álbum Peperina de 1981, en el que se incluyen estos versos:

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El inca Garcilaso de la Vega, un puente del ajedrez de Europa a América

Por Sergio Negri

Podría decirse que un puente entre las culturas europea e indígena estuvo dado por el Inca Garcilaso de la Vega (su nombre real era el de Gómez Suárez de Figueroa), nacido en 1539 en Cuzco (entonces Gobernación de Nueva Castilla, hoy en el Perú, y siempre punto de referencia de la civilización incásica) y muerto en Córdoba (España) en 1616, a quien se lo considera un importante historiador y escritor ubicado a caballo de dos culturas comunicadas (para bien o para mal) por el ancho océano.

En sus Comentarios reales de los Incas, su obra cumbre que por vez primera apareció en el año 1609 en Lisboa, el autor, a quien se consideraba “el primer mestizo biológico y espiritual de América” (sobrino-nieto del célebre Garcilaso de la Vega, fallecido en 1536, uno de los ilustres poetas del Siglo de Oro español), menciona al ajedrez, en una referencia que debe considerarse particularmente temprana:

“El otro cuento es que yo conocí en España un mozo, de gente humilde y que vivía con necesidad, que aunque era buen platero de oro no tenía caudal y trabajaba a jornal. Este mozo estuvo en Madrid, año de 1562 y 63. Posaba en mi posada. Y porque perdía al ajedrez (que era apasionado de él) lo que ganaba a su oficio –y yo se lo reñía muchas veces  amenazando que se había de ver en grandes miserias por su juego- me dijo un día “No pueden ser mayores que las que he pasado, que a pie y con sólo 14 mavaredís entré en esta corte”…”.

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Von der Lasa, un sabio en el ajedrez

Por Sergio Negri

Pocas personalidades a lo largo de la historia del ajedrez fueron, a la vez, grandes jugadores e hicieron aportes historiográficos y/o culturales. Esos pueden ser considerados sabios del ajedrez. Von der Lasa, indudablemente, fue uno de ellos.

Como jugador, y pese a que muchas veces no se reparó en ello, tuvo tan gran nivel que, en algunas consideraciones, es considerado el mejor ajedrecista de su tiempo. De hecho, cuando Adolf Anderssen en 1851 participa del primer torneo internacional de la historia, ese disputado en Londres que lo catapultó al primer plano del ajedrez mundial, era von der Lasa el que debió en principio haber concurrido, cosa que no pudo hacer por sus compromisos profesionales vinculados al mundo de la diplomacia.

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Reseña del libro “El que mueve las piezas” de Ariel Magnus

Por Sergio Negri y Juan Morgado

Nota de ALS: Ariel Magnus es un reconocido escritor argentino, nacido el 16 de octubre de 1975 en la ciudad de Buenos Aires. Una de sus obras más reconocidas y recientes es El que mueve las piezas, en la cual el ajedrez tiene un indudable protagonismo. La reseña de Negri y Morgado se publicó en el 2017, año de aparición de ese trabajo, la que se vuelve a presentar en el onomástico del autor. 

Ariel Magnus, ya en la ficción, en un escenario histórico que es coincidente con la declaración de la Segunda Guerra Mundial, va construyendo un complejo tejido, con mucho humor y con aires de espionaje, vinculando acontecimientos agonales que se plantean a ambos lados del Atlántico. Alemania y Polonia están presentes en los inicios de un nuevo período de conflagración armada, y son a su vez protagonistas de la prueba olímpica. Siendo así, el autor no desaprovecha la ocasión para plantear que la justa deportiva, pese a su lejanía del verdadero foco del conflicto, podía ser un reflejo de lo que sucedía en un continente que perderá el rumbo. Y ya sabemos que este juego fue concebido como Ludimus effigiem belli

Este es el escenario en el que se presenta la espléndida El que mueve las piezas, título de indudables ecos borgianos, por aquellos versos de los sonetos Ajedrez: “Dios mueve al jugador, y éste, la pieza./¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza/ de polvo y tiempo y sueño y agonía?”. La trama empieza, así se iba a llamar originalmente esta obra, es una prueba cabal de la influencia del gran poeta argentino y universal. No será una divinidad la que se esconda detrás del escenario, sino el propio abuelo del autor, una figura influyente, que inspirará a su nieto y lo interpelará a partir de un Diario que le servirá al demiurgo de fuente del relato.

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Los crímenes del obispo: Van Dine y el ajedrez ingresando en los relatos de detectives

Por Sergio Negri

En 1924 aparece una interesante novela policial llamada Los crímenes de ´El Obispo´,[1] cuyo autor es S. S. Van Dine (1888-1939), reconocido escritor estadounidense cuyo nombre real era el de Willard Huntington Wright.

Trascendió, por siempre, por la creación del personaje del detective Philo Vance, el que aparecerá en doce novelas muy populares, varias de las cuales fueron llevadas a la pantalla grande en los comienzos del cine sonoro, en calidad de corto y largometrajes. La cuarta de ellas, publicada en 1929, fue The Bishop Murder Case, siendo traducida al español bajo el nombre de Los crímenes del obispo.

Philo Vance, en esta nueva instancia de la saga, se ve enfrentado a una serie de asesinatos, algunos de ellos disfrazados de supuestos suicidios, en los que se ve comprometido un criminal que se auto adjudica el mote de obispo, el que no duda en amedrentar a una de sus futuras víctimas dejándole en la puerta de su casa una pieza de ajedrez de alfil negro. Está clara la asociación que permite el idioma original en donde el trebejo respectivo se denomina precisamente bishop (obispo).

Ese elemento dejado en forma tan amenazante, era el mismo que se había usado en una partida en la que uno de los personajes había estado jugando, así se dice, con el gran Akiba Rubinstein (1880-1961), en una partida que, en su prolongación y secuencia, podía hacer aparecer a su rival como uno de los principales sospechosos. Al gran jugador polaco se lo referencia en los siguientes términos:

“El asunto es que un caballero llamado Rubinstein, un genio del mundo del ajedrez, que está ahora visitando esta ciudad…Rubinstein es un jugador fuerte…Es uno de los grandes maestros del juego. Venció a Capablanca en San Sebastián en 1911 y entre 1907 y 1912 fue considerado como el único contendiente digno del campeón del mundo, doctor Lasker”.

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Hanna Arendt y el ajedrez

Por Sergio Negri

Alejándonos un tanto de los terrenos novelescos o descriptivos, y para intentar de aproximarnos a la variedad de fenómenos en los que el ajedrez queda intrincadamente conectado, es posible advertir su referencia en estudios que reflejan las caras más oscuras del ser humano. En ese orden, podemos explorar la obra de Hannah Arendt (1906-1975), una de las principales filósofas que reflexionaron sobre la problemática de los totalitarismos.

Arendt, siendo alemana, y en tanto judía, en su calidad de mujer de profundo pensamiento y fina sensibilidad, supo desentrañar, como nadie, qué se escondía detrás de conductas atroces que se dieron en tales contextos.

En su obra principal. Los orígenes del totalitarismo, Arendt reconstruye, sucesivamente, el desarrollo del antisemitismo en los siglos XVIII y XIX; el despliegue y el funcionamiento del racismo y del imperialismo en el siglo XIX y principios del XX, para terminar abocándose en las dos formas de totalitarismo prototípicas (que ella llama “dominación total”): el nacionalsocialismo y el estalinismo.

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